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Mito del minotauro

El mito del minotauro es uno de los más interesantes de la Grecia antigua, especialmente por la enorme influencia que ha ejercido en las artes y las literaturas de épocas posteriores. Pocos artistas se han resistido al encanto de este monstruo de orígenes y destino tan trágicos, y podemos encontrar su representación en obras artísticas que van desde la misma Antigüedad Clásica hasta nuestros días

 

El minotauro es una criatura con cuerpo humano y cabeza de toro con gran cornamenta. Suele ser representado fornido y portando un hacha, tal vez por influencia de las enormes hachas ligadas a la cultura minoica con la que desde principios del siglo XX se ha asociado a esta criatura. Como parte de su naturaleza monstruosa, el minotauro se alimenta de carne humana, sintiendo especial predilección por los muchachos y las muchachas jóvenes.

Aunque existen diversas fuentes acerca de los orígenes del minotauro, la mayoría de las fuentes antiguas coinciden en señalar la avaricia del rey Minos de Creta como principal causa del nacimiento del monstruo. En los rebaños del rey había nacido un gran toro blanco de espectacular belleza. En lugar de sacrificar el animal prodigioso a los dioses, como era costumbre en señal de respeto a las divinidades, Minos decidió guardar tan peculiar bestia y utilizarlo como semental para engendrar una prole de toros blancos. Esta falta de consideración hacia los dioses irritó al dios Poseidón, que decidió castigar al rey. El dios del mar infundió en la reina Pasífae una pasión ardiente por el toro blanco, un deseo antinatural que sólo quedaría aplacado una vez la reina se uniera sexualmente con el animal. Pasífae, incapaz de controlar su pasión, convenció a Dédalo, inventor e ingeniero de la corte, de que fabricara para ella un disfraz de vaca que la permitiera unirse al toro blanco. Dédalo, temiendo irritar a la reina, obedeció y creó un ingenio con forma de vaca capaz de esconder a Pasífae, con una trampilla en los cuartos traseros por la que pudiera realizarse la aberrante unión. Una vez dentro del ingenio, Pasífae se hizo conducir a los prados donde pacía el toro. Al verla, el toro blanco se acercó y la montó. Pasífaeo vio satisfecho su deseo, pero quedó embarazada del toro, cumpliendo así el castigo de Poseidón.

Meses después nació el hijo de esta unión entre animal y mujer. Una criatura con cuerpo humano y cabeza de toro. Un niño bestial que además sólo saciaba su apetito con carne humana. Pronto la criatura fue conocida por el nombre de su supuesto padre, el rey Minos. Minotauro, el toro de Minos. Avergonzado por el castigo que los dioses le habían inflingido, el rey decidió ocultar a aquel niño de todos los ojos humanos, y ordenó a Dédalo que construyera un gran laberinto para que la bestia pudiera morar. El problema de la alimentación del monstruo quedó resuelto cuando Minos atacó la ciudad de Atenas después de que uno de sus hijos resultara muerto tras una competición atlética. Como castigo, Minos impuso a los atenienses un peculiar tributo: cada cierto tiempo debían entregarle siete muchachos y siete muchachas que serían abandonados en el laberinto para que el minotauro les diera caza y se alimentara con su carne.

Años después de que se iniciara esta cruel práctica, Teseo, hijo del rey Egeo de Atenas, decidió presentarse como voluntario para el sacrificio. El joven estaba convencido de poder matar al minotauro, acabando así con la condena que pendía sobre los atenienses. Cuando Teseo y el resto de los condenados se presentaron ante el rey Minos y su corte, la princesa Ariadna quedó

prendada de la belleza del príncipe ateniense. Para evitar que Teseo muriera a manos del minotauro, Ariadna le ofreció su ayuda: sostendría un hilo mientras el joven se internaba en el laberinto, de forma que, cuando éste hubiera acabado con la bestia, pudiera seguir el hilo para encontrar la salida.

Teseo se internó en el laberinto y se enfrentó al minotauro. A pesar de la fuerza y la ferocidad de la bestia, Teseo acabó con él y, gracias a la ayuda de Ariadna, escapó del laberinto y puso rumbo de regreso a Atenas. La princesa Ariadna escapó con él, ignorando que los sentimientos que Teseo albergaba hacia ella no eran sinceros, y que su destino sería el de ser abandonada en la isla de Naxos por el hombre al que había salvado la vida. 

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